Polaroid en en el cine

Polaroid en el cine

Que nuestra memoria y fijación visual se están desarrollando gracias a nuevas  realidades como las Apps similares a Instagram, los Smartphones y las redes  sociales, es un hecho. Preferimos describir o capturar una idea con una imagen que  con unos párrafos. Haz la prueba casera y gratuita; intenta describirte con una foto.  Ahora, haz lo mismo con una palabra. Probablemente la foto habrá dejado K.O. a  esa palabra.

Si os gusta la fotografía, tenéis debilidad por las Polaroids y contáis con algunas  horas libre, seguid leyendo este post y tened papel y bolígrafo a mano ¡Os  proponemos plan cinéfilo para los siguientes días!

polaroid cine memento

Memento

El personaje protagonista de Memento encuentra en la rapidez de la captura de imágenes de la Polaroid, y en su inalterabilidad, un camino hacia la supervivencia.   De aquí parte la historia que nos presenta Christopher Nolan, un thriller que  recupera los toques del cine negro y hace que veamos la venganza y el crimen  desde una postura más laxa, todos podríamos ser asesinos por un día ¿no? Si esto lo aderezamos con un personaje secundario destacable, una Polaroid 680 SRL, tenemos  el tinglado montado. El singular desarrollo del tiempo cinematográfico y el uso de la cámara son los dos puntos calientes que todo aquel espectador que se haya  sentado frente al film no ha dudado en destacar. La fotografía sale de la zona de  confort del hobby para convertirse en una manera de sobrevivir, no como un cliché, si no de manera literal.

Definitivamente, a los dioses/extraterrestres no les gusta la gente feliz, por ello la vida de Leonard cambia una noche. Como consecuencia de la violenta pelea sufrida, él arrastrará de por vida amnesia anterógrada. Leonard ha de vivir olvidando el  presente continuo, ya que no es capaz de almacenar nuevos recuerdos, tan solo mantiene la memoria pasada cuyo último recuerdo es la imagen de su mujer muerta. Desde ese día decide convertirse en un antihéroe sin capa, armado con una Polaroid y luchar contra su realidad constate para encontrar a la persona que mató a su esposa.

Sumémosle a la hazaña, ganadora del premio al viudo del año, el particular problema de ser consciente solo y exclusivamente del segundo en el que vive, no recordando nada de los segundos anteriores.

Para sobrevivir a su característica situación Leonard se transforma en un hombre post-it tatuándose en el cuerpo todo aquello que no quiere olvidar ¿sería Leonard el primer hipster mainstream de los tatuajes? Tiene la Polaroid, tiene los tatuajes y la fijación porque cualquier tiempo pasado fue mejor, podría sobrevivir entre nosotros. En segundo lugar, hace de la fotografía instantánea su memoria a corto plazo. Fotografía todo aquello que cree va a necesitar recordar, sacando aquí a relucir el punto fuerte de esta joya histórica de la fotografía, un balance entre la mediana calidad que ofrece y su rapidez en el positivado sin la necesidad de un laboratorio. Destacable el hecho de que la Polaroid fuese la única cámara cuya película no se puede alterar antes del positivado, de ahí que fuese utilizada por la policía en las escenas del crimen.

Sin duda, Memento es ese film en el que la existencia de la propia cámara Polaroid se vuelve imprescindible no solo como objeto, si no como filosofía de producto. Me surge la duda de si un personaje como el de Leonard podría haber existido con los actuales precios de los cartuchos de estas cámaras. Mando un saludo a los fabricantes.

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Lucia y el Sexo

Lucia, el sexo y una cámara Polaroid en mitad de alguno de estos encuentros que hacen que el nivel de entretenimiento sufra una súbita escalada. El mundo podría dividirse en dos grandes bloques: aquellos a los que les gusta capturar sus momentos eróticos con una cámara y otros a los que la mínima sugerencia de ello les escandaliza. Quedémonos con los primeros, son más divertidos y lo pasaremos mejor. De cualquier modo, habrá una foto que nos lo recuerde, curioso souvenir ¿no?

Clasificada como cine B en algunos países, Lucia y el Sexo hizo que la jovencísima Paz Vega se marchase a casa con el Goya y que muchos españoles vieran sexo explícito en la gran pantalla. El sexo, acompañante de Lucía a lo largo del film, se nos presenta como una manera legítima más de mostrar la variabilidad de sensaciones y situaciones a las que se encuentra el ser humano en el transcurso de su vida. Porque sí, amigos fanáticos, el sexo sirve para muchas más cosa que procrear. Lorenzo, el protagonista masculino, saca su Polaroid Close Up 636 para capturar todo aquello de lo que se presume en las primeras 48 horas de sexo y pasión entre dos desconocidos.

Nuestro fotógrafo amateur, Lorenzo es un escritor cuyo primer trabajo tuvo buena acogida en el circuito nacional y que se encuentra bloqueado ante su segunda obra. Freud podría sacar algún trauma infantil sobre ello, pero mientras tanto sabemos que es un personaje tímido, misterioso, pasional y frustrado, tal y como nos imaginamos a todos los escritores contemporáneos. Un día conoce a Lucía, su erotómana light particular, que desde que leyó su primera novela anda perdidamente enamorada de él. Se declara de manera sorpresiva en un bar y comienzan un pasional, sexual y tormentosa relación que acaba con ellos separados en distintas orillas del Mediterráneo. Ambos personajes han de perderse y encontrarse a ellos mismos, sacando a relucir sórdidas historias del pasado que se cruzarán en el presente y en una paradisiaca isla griega.

La Polaroid voyeur, una Close Up 636, se asoma en este film como testigo de las escenas sexuales que todos queremos retratar para meter entre las páginas de un libro en una esquina de la estantería. Lorenzo, tras una época de parón en su vida se siente nuevamente motivado por Lucia y saca su faceta más divertida, también entre las sábanas y papeles fotográficos. La especial configuración de la lente de la Close Up 636 permite hacer fotos desde los escasos 60 centímetros y en ocasiones como las que nos representan Lucia y el sexo, esa distancia es una inmensidad.
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Amélie

La fabulosa historia de Amelie Poulain, toda una generación se ha visto marcada por alguno de los aspectos que Jean-Pierre Jeunet impregnó en el film y Bruno Delbonnel supo colocar. Desde las perspectivas inalcanzables en el amor, la instauración de manías, nuevas tradiciones en las parejas y como no, un particular uso de la fotografía y el color. Desde su solitaria infancia acompañada por una cámara compacta donde retrataba a sus amigos imaginarios, a los álbumes repletos de caras desconocidas, a los mensajes clave en el fotomatón. Amelie es pura fotografía.

Amelie no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Notre Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo del jardín. Su vida es sencilla y un día, a sus 22 años y tras la muerte de Lady Di, Amelie encuentra una pequeña caja escondida en su baño que le hará plantearse su existencia. Descubre que su misión en la vida es arreglar la vida de los demás. Es entonces cuando inventa toda clase
de estrategias para intervenir, sin que nadie se de cuenta, en la existencia de varias personas cercanas a su entorno.

Tanto empeño pone en su misión que empieza a olvidar la suya propia, vivir su vida y encontrar su felicidad, a ella no la salva nadie.

Aunque Amelie utiliza varias cámaras a lo largo de la película, no es ella quien finalmente realiza las instantáneas, se lo perdonamos. En unas de sus misiones salvavidas se encuentra con un gnomo, compañero en la solitaria vida del padre de la joven. Para añadir un poco de esperanza a la vida de su progenitor, Amelie decide secuestrar furtivamente al anciano gnomo y pedirle a una amiga azafata que se dedique a pasear la figura del gnomo por todo los sitios del mundo que ella visite, y que en cada parada realizada, tome una polaroid en la que el curioso acompañante salga posando junto a una imagen icónica de la ciudad, para más tarde enviar a casa de su padre estas imágenes.

Aunque intuyo que toda persona viviente y con un poco de sensibilidad ha visto la película, si no lo has hecho mereces condena, imagínate la cara del señor Poulain al recibir una polaroid de su gnomo del jardín en la Plaza Roja de Moscú.

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Lost in traslation

El Tokio nocturno solo apto para los insomnes, Scarlet Johansson y Bill Murray; o lo que es lo mismo, el cansado Bob y la inapetente Charlotte en las calles de Shibuya. Aguda, profunda, humana e irónica, un cocktail pocas veces inventado.

Después de dejar sus intenciones bien claritas con Las vírgenes suicidas, aunque solo le reconocieran la película los MTV Movie Awards y algún que otro festival de segunda línea como el Young Hollywood Awards, Sofía seguía con la disputa de si apellidarse Coppola iba a ser un trampolín o una zanja. Nada de dramas, no creo que la esperasen a la salida del recreo para quitarle el bocadillo por ello. Con Lost in Traslation, su segundo largometraje, el silencio se hizo para dejar paso al aplauso y la admiración. Un Oscar al mejor guión, una nominación a mejor directora, siendo la primera estadounidense nominada a ello, y un pase para calificar a este film como película de culto.

Dos norteamericanos se encuentran en las desveladas noches de Tokio, Bob es un actor con éxito de mediada edad que ha viajado para rodar un estúpido anuncio de bebidas alcohólicas que engrosará su cuenta bancaria y permitirá pagar los gastos familiares al otro lado del mundo. Charlotte es la incansable acompañante de su pareja, un fotógrafo, que viaja por todo el mundo en función única y exclusivamente de su profesión, no dedicando más que el tiempo sobrante a su relación.

Ante tal panorama, la cafetería 24 horas del hotel donde se hospedan ambos personajes se convierte en un improvisado gabinete psicológico y ayuda para que se fragüe una extraña y sorprendente amistad. Juntos se aventuran en la vida nocturna de Tokio y comparten experiencias con los habitantes de la ciudad descubriendo otra manera de vivir y saliendo de su aislamiento.

Charlotte vive por y para su pareja, que resulta ser el hermano tonto de Phoebe en Friends, dejando a un lado su propia vida. Durante el día puede despejarse con las actividades de la ciudad japonesa, pero por las noches le plantean dudas eternas a Charlotte que acude a amigos y familiares para desahogarse.

Unas polaroids de su pareja y ella en la cama son todas las muestras de cariño las que puede acudir en los momentos de soledad que vive en una ciudad en la que no conoce, ni puede introducirse aunque quiera comprenderla.

polaroid cine memento

James Bond: Licencia para matar

Para cerrar capítulo, desde finales de los estupendos 80’s y tras lo mejor de la cosecha, aun podemos sacar la artillería pesada. Entre tanta polaroid vinculada a los sentimientos y los destinos personales tenía que aparecer una Polaroid todopoderosa: ¡LA POLAROID QUE DISPARA RAYOS LASER!

Las aventuras de  Timothy Dalton, nuestro particular James Bond de la ocasión, van acompañada de amor, una boda, islas desiertas, tiburones come piernas y capos de la droga. Todo ello entre los Cayos de Florida y Estambul y con escenas de fotografía submarina. Nada mal para la última interpretación de Dalton como agente del MI6.

Por si el título no lo aclaraba lo suficiente, nos encontramos ante una de las tantas
películas de 007 donde se desmantela el mal a base de cacharritos, guaperas y
escenas en los paraísos del momento. Bond acude a la feliz y prometedora boda de

su amigo y agente, de la CIA y la DEA, en Florida, pero antes apresarán juntos a  un criminal con 396 muertos a sus espaldas y una mafia de la droga en el espacio que le queda. Todo ello para llegar a la ceremonia en paracaídas, esperamos que no fuera la única sorpresa para la novia esa noche.

El malhechor acaba escapando y James Bond encuentra a su amigo recién casado moribundo y a su esposa en peor estado. Con este planteamiento inicial, la película solo puede ir sacando recurso tras recurso hasta complicar la historia y elevarla a la enésima potencia para acabar como todas las películas de 007, con el bien instaurado y los malvados mordiendo el polvo del imperio británico.

Esta película podrá levantar nuestras pasiones o no, pero siempre mejor si se ve con amigos, palomitas, unas cervezas y nos metemos en el papel, pero es indudable que compensa ver esta película todoterreno para ver en acción a la cámara rifle dispara rayos que además…también hace fotos. Eso sí, desmaterializa parte del tejido y solo sacará vuestros curiosos esqueletos sobre un fondo colorido.  No sé si compraríamos la cámara, pero al menos querríamos estar en esa fiesta donde algún descuidado la coge de la estantería y acaba matando a alguien. De cualquier modo, cuidado con las Polaroids, sobre todo si vuestros amigos son ingleses y llevan esmoquin.

 

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Para saber más sobre fotografía analógica, nuestro blog favorito es Analogue is Different.

Para disfrutar de más iconos cinematográficos, Tutticonfetti hace unas ilustraciones geniales.

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2 comentarios en “Polaroid en el cine

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